Gente tóxica, un estorbo para el buen clima laboral

El buen ambiente laboral es fundamental para que las horas que se pasan en el trabajo sean productivas. Esto suele depender del equipo que tengamos al lado. Porque compartir con personas con intereses y roles diferentes a los nuestros puede hacer que surjan algunas actitudes tóxicas.

Estos empleados negativos surgen con formas de actuar y predisposiciones de conducta que nos perjudica a nosotros y al resto del equipo, empeorando el clima laboral y haciendo que el rendimiento de la organización pueda resentirse, al menos en parte.

Como es muy fácil que estas actitudes tóxicas se cronifiquen, haciendo que todos los miembros del equipo se adapten (y se resignen) a convivir con ellas, conviene detectarlas cuanto antes y cortarlas de raíz por el bien de todos.

El compañero tóxico intenta siempre una labor de desgaste. Poco a poco va minando tu paciencia y moral, esperando que en algún momento saltes, normalmente no hacia él, sino hacia la empresa. Ese es su mayor momento de satisfacción.

La mejor manera de combatirlos es con paciencia en el horario laboral y desconectando al salir de trabajar. El se va a su casa tan tranquilo y si ha logrado atraerte al lado oscuro, uno se irá a la suya dándole vueltas a un asunto que te contó y para el que se esforzó para manipularte. Los temas de trabajo tenemos que dejarlas atrás al salir de la oficina.

Siempre intenta atacar al más débil. Si no lo consigue con vos irá a por otro compañero, que a corto o medio plazo también se convertirá en un empleado tóxico. Hay que resistir y evitar que la empresa acabe en dos bandos, los que están con él y los que no.

Por eso vamos a ver cómo se sobrevive a trabajar con compañeros tóxicos de distintas características:

El malhumorado

Ciertos compañeros de trabajo pueden llegar a crear un sistema de manipulación básicamente involuntaria, basada en su mal humor. Estas personas aprovechan sus momentos de mal genio para crear pequeños chantajes que ponen en riesgo el funcionamiento global de equipo de trabajo.

El motivo por el que estas personas están de mal humor no tiene por qué tener que ver con lo que ocurre en el trabajo, y por lo tanto en muchas ocasiones no es responsabilidad de sus compañeros. Sin embargo, las consecuencias de su enfado sí repercuten en el clima laboral, creando la ilusión de que se trata de un problema de la empresa. De este modo, los otros estarán dispuestos a “cargar” con las consecuencias del mal humor y le darán un trato preferente a esta persona. A su vez, llega un punto en el compañero que se está beneficiando de esto “aprende” que su mal humor está recompensado.

El conflictivo

Es frecuente que surjan ciertos roces y conflictos entre algunas personas dentro de una empresa. El modo en el que se resuelvan estos conflictos será determinante a la hora de evitar que afecte al funcionamiento global de la empresa, pero en algunas ocasiones pueden aparecer personas dispuestas a agrandar el tamaño de estas pequeñas luchas.

Lo ideal es que esta tipo de situaciones se actúe según la naturaleza del conflicto: y se resuelvan en privado.

El que “trafica” información

En el mundo globalizado la información es poder, y algunas personas pueden dedicar una parte importante de su jornada laboral a intentar chusmear acerca de todo lo que ocurre en la vida laboral y personal de sus compañeros.

Esto puede tener sus motivos en la utilidad que ciertas informaciones pueden tener a la hora de ir ascendiendo en la empresa, o puede deberse al simple placer de curiosear. En todo caso, ante este tipo de comportamientos es bueno comunicar de no hay una justificación válida para creerse con derecho a saberlo todo acerca de lo que hacen los compañeros de trabajo.

El criticón

Otros compañeros pueden llegar a ser muy insistentes con ciertas críticas son, básicamente, infundadas. En este caso es muy posible que el hecho de intentar hacernos cómplices de estas críticas no forme parte de ninguna estrategia planeada para ponernos en contra de alguien: hay personas a las que simplemente les gusta criticar.

Siempre es útil animarla a formalizar sus quejas, ya que, por un lado, hará saber de manera clara los motivos de sus quejas, y en segundo lugar, se verá forzada a adoptar una postura en la que defender su posición exigirá un cierto esfuerzo, lo cual posiblemente le haga plantearse hasta qué punto tiene razón.