“Urge formar personas que acepten la función de liderazgo para servir colectivamente”
por Verónica Martínez Castro

El siglo XXI nos presenta del desafío revolucionario del altruismo como formato de liderazgo presente y consciente. Este desafío, que es inevitable, conjura a líderes capaces de gestionar equipos con el objetivo de honrar el bien común y colectivo, por sobre el bienestar individual.

Hablamos del líder presente y responsable cuando apelamos a personas que generan una relación de confianza sostenida en valores éticos y acciones ejemplificadoras y que, reconociendo que algo puede mejorar, crea las condiciones necesarias para contagiar a su equipo a la acción. Esta modalidad positiva de liderazgo, presenta personas que dejan saber por qué hacen lo que hacen, comparten su visión -específica y medible de futuro- y abren el juego para que todos los integrantes de su equipo se sientan parte del proceso y del arribo a la meta. Este es el tipo de líder que aplaude a su equipo en público y lo corrige en privado, que evita las rupturas, que motiva en forma constante y evoluciona con sensatez.

Como contrapartida, aparecen otro tipo de personas, a quienes se los identifican como líderes negativos en tanto mantienen modalidades corrompidas de dirección, tales como el clientelismo que erosiona el tejido social, la avidez del resultado económico que desmantela las reglas de gobierno corporativo transparentes, la omisión del diálogo como herramienta de encuentro, identificación y pertenencia; todo ello en un ambiente de reducción y recorte de formación y educación de personas y organizaciones comprometidas con objetivos de largo plazo, sustentables, diversos e inclusivos.

El avance sostenido de la tecnología y la comunicación masiva, nos enfrentan, al dilema de la comparación que puede ser constructiva o destructiva, según sea como la transmita o aplique quien tenga a su cargo el liderazgo de un equipo.

El gran desafío es la aceptación reflexiva de modelos de gestión que trasciendan las estructuras corporativas y derramen el beneficio a nivel social.

Este formato de trabajo, requiere la presencia de líderes que recuesten sus acciones sobre modelos de economía inclusiva, que vigilen las necesidades sociales y particulares, y que ejerciten la escucha atenta y el servicio permanente.

En definitiva, nos urge como sociedad, la de educar y formar personas que acepten la función de liderazgo como una oportunidad, no para lucirse individualmente, sino para servir colectivamente.

 

Verónica Martínez Castro
Especialista en negocios de energía y de larga trayectoria en el mundo corporativo, cree firmemente en el liderazgo como una oportunidad para servir.