Cómo escuchar con empatía y no distraerse en el intento

El Diccionario de la RAE define a la empatía como la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Se trata de una competencia emocional útil y necesaria para que el otro se sienta bien con uno. Para muchas personas, significa sentir la emoción de la otra persona, mientras que para la neurociencia, es la “contaminación emocional” dada por la alta reactividad de las neuronas espejos.

Se podría agregar también que empatía es aprehender la emoción del otro, es decir, entender su comprensión racional sin necesariamente estar de acuerdo, y la emoción que trae.

Escuchar con empatía es el acto en el que prestamos completa atención a los motivos exactos del otro, validando sus argumentaciones. Es el paso para mantener una conversación en la que las partes se sienten representadas en el discurso del otro, sus necesidades y diversidades.

En la era de los chats, los mensajes despersonalizados y cierta distancia afectiva en las comunicaciones, sobresale con nitidez la necesidad de ser escuchado con empatía, algo que aumenta la calidad de vida de los demás.

En ese proceso, se podrían enumerar ciertos tips para tener en cuenta. Antes que nada, la escucha activa, es decir hacerlo en silencio, sin interferir (ya que así se desvía la atención), con curiosidad y atención por lo que la otra persona cuenta. Resulta fundamental no distraerse, ya que la curva de la atención se inicia siempre en un punto muy alto, para descender y volver a subir hacia el final del mensaje. Hay que intentar mantener una atención regular.

Lo haremos no solo con los oídos sino también con los ojos, con el tacto, el olfato. Todos los sentidos puestos en una conversación en la que no hay que adelantarse ni prejuzgar al otro: cuando respondemos con un juicio tras su mensaje la comunicación suele cerrarse, disminuyendo las probabilidades de que nos vuelva a contar algo con total sinceridad.

Otra tentación que hay que evitar es la de contraargumentar, ya que no es una competición entre dos personas, sino un espacio de expresión. Tampoco hay que dar soluciones prematuras: en ocasiones las personas no quieren que se les dé la solución, sino solamente quieren a alguien que les escuche y eso ya es considerado una excelente ayuda. Y por último, evitar el síndrome del experto, ya que no se deben dar respuestas a los problemas de la otra persona incluso antes de que nos los haya contado.

Hay que desconectarse de nuestra problemática: ser empático significa centrar nuestra atención en el otro, dejarnos llevar por sus palabras y sentimientos, apagando nuestra habla interna, y enfocando nuestros sentidos en el que tenemos enfrente.